miércoles, 16 de agosto de 2017

El viaje de Justine Sen hacia Machu Picchu

Desde un pequeño pueblo llamado Núremberg en el estado de Baviera (Alemania) hasta la ciudad de Cusco, Perú. Justine soñaba con visitar las ruinas de las que tanto había leído en el colegio, una ciudadela inca descubierta en el 1911 por el explorador norteamericano Hiram Bingham.

Esa historia la había fascinado desde la infancia con el recuerdo mágico y dulce que guarda un cuento de hadas. En su mente, ese valiente explorador paseaba látigo en mano levantando con sus manos tesoros y rocas con figuras incas que relucían al sol del atardecer.

Fue así como, con una maleta en la mano y el pasaje en la otra, llegó hasta Lima para después embarcarse en un viaje que la llevaría hasta ese lugar místico poseedor de varias historias e inspiración de un sinfín de poemas.

Primera parada

El Grupo Palomino fue la empresa encargada de llevar a Justine hacia Cusco en un viaje que duraría 20 horas. El bus partió de la terminal Luna Pizarro (distrito La Victoria) a las 9:30 de la mañana y llegó a la terminal de Cusco (estación de buses) aproximadamente a las 5 de la madrugada.

Al llegar a la terminal Justine pidió un taxi, acto seguido le preguntó al señor si es que conocía algún hotel económico por el lugar; el taxista la llevó hacia el hotel Mamma Cusco, una casa-hospedaje a solo tres cuadras de la Plaza de Armas. Ahí descansó un día y a la mañana siguiente ya se estaba dirigiendo a la Calle Puputi, de dónde salen todos los autobuses y minivans con destino hacia Pisac.


Segunda parada

El autobús tardó 45 minutos en llegar a Pisac, provincia de Calca, por un precio de S/ 5.
En estos últimos años Pisac se ha vuelto ese lugar que sí o sí debes visitar antes de pasar por Machu Picchu, pues posee un complejo arqueológico con vistas a residencias, templos, observatorios astronómicos y el cementerio antiguo más grande de Sudamérica.



Justine, pasó una semana en Hospedaje Gato Negro, a tan solo S/ 30 la noche. Quiso aprovechar esos siete días para pasearse por el mercado artesanal ubicado en la Plaza de Armas de Pisac.



Normalmente los días de semana no hay mucha actividad, pero cuando se trata un domingo los vendedores llegan a ocupar hasta la última pulgada disponible. El mercado te ofrece una cantidad de frutas, verduras orgánicas cultivadas en el valle y brebajes exóticos. En cuanto a souvenirs, todos los artículos están relacionados con la cultura inca, desde productos tejidos a mano de fina fibra de alpaca hasta algunas piezas únicas de joyería.

Tercera parada

Pasada la semana y con un fuerte dolor de estómago Justine se dirigió hacia la Casa de Salud para tomar un colectivo que la llevaría a Urubamba; el viaje duró 20 minutos. Una vez en Urubamba no perdió más el tiempo y tomó un taxi hasta Ollantaytambo.

A pesar de conocer la existencia de las ruinas decidió sentarse en la plaza y esperar otro colectivo que tardaría tres horas en llegar para dirigirse hacia Santa María, de ahí tomó un taxi hasta Hidroeléctrica por tan solo S/ 20.

Cuarta parada

Cansada de tantos colectivos y taxis, Justine decidió someterse a una caminata de dos horas y media hasta la ciudad de Aguas Calientes, al llegar se sorprendió de la abundante vegetación del lugar, era como estar en el medio de la selva.

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Unos transeúntes del lugar le recomendaron visitar el Butterfly House, un reconocido museo de mariposas que puedes apreciar a partir de las 8.00 am hasta las 11.00 am aproximadamente. La noche la pasó en Pirwa Hostel, en mitad de la Avenida Pachacutec por unos S/ 47 en habitación compartida. Justine no podía irse de Aguas calientes sin antes pasar por los famosos baños termales

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Quinta y última parada: Machu Picchu

Bajó aproximadamente a las 5.00 am para disfrutar de un rico baño y quitarse todo el estrés de encima, ese mismo día llegaría a Machu Picchu de una vez por todas. Después de hacerse amiga de varios turistas del lugar tanto nacionales como internacionales, Justine se dirigió nuevamente al pueblo Aguas Calientes para comprar el boleto a Machu Picchu Solo – Turno Tarde (12:00 – 17:30) a un precio de S/ 200; sin embargo, estos precios suelen variar dependiendo de la temporada.

A pesar de que existe un bus que te lleva hacia Machu Picchu desde Aguas Calientes, Justine decidió que sería mejor caminar (decisión que lamentó más adelante). Una hora y media fue lo que le tomó llegar hasta la ciudadela inca, al llegar a Machu Picchu sus piernas ya no daban más. Era la una de la tarde cuando presentó su boleto en la entrada al igual que su pasaporte.

Una vez dentro, estaba tan agotada que no pudo disfrutar de Machu Picchu como lo hubiera querido. Llegó hasta el Templo del Sol, un recinto sagrado construido por los incas para rendir homenajes y ofrendas al Dios sol (Inti).

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Cruzó el Puente Inca, una impresionante muestra de arquitectura compuesta por un sendero angosto junto a una montaña de granito por el lado izquierdo y al derecho se encuentra el abismo.

Se quedó hasta las cinco de la tarde, y justo cuando ya estaba por volver una chinchilla peruana se le atravesó en el camino, el pelaje de la chinchilla parecía ser tan suave que un deseo por tocarla la embargó; sin embargo, bastó con solo un movimiento para que la chinchilla corriera despavorida hacia otro lugar. A pesar de haber subido hasta Machu Picchu a pie, a Justine no le importó caminar todo el regreso a Aguas Calientes.

Existen recorridos mucho más sencillos que te pueden llevar directamente hacia la ciudadela inca; no obstante, la visión de Justine fue siempre la de caminar, caminar y seguir caminando. Es un recorrido perfecto para aquellos que deseen conectar con la naturaleza del lugar y sentir su corazón latir a mil por hora.

Machu Picchu simbolizó para Justine el final de su viaje, un final con broche de oro. Allá en las alturas, recordó cada escollo por el que había tenido que pasar para llegar a ese lugar; sin embargo, ahora nada de eso importaba porque la vista brindada desde lo más alto rebasaba cualquier rastro de cansancio o fatiga que aún pudiera habitar en su cuerpo.

(…)

De regreso a Núremberg y con la cabeza pegada a la ventanilla del avión, Justine pensó en el tiempo vivido. Encontró en Perú la fuerza y estabilidad que precisaba, amigos de por vida y paisajes que llevaría consigo vaya a donde vaya. De pronto, las calles coloridas de Núremberg se tornaron aisladas en su mente y el recuerdo de un hogar ya no llevaba el nombre de Alemania.

Un pequeño país soberano del oeste de América del Sur se había llevado todo el crédito: Perú.

Senna Gonzalez, Viajes del Perú
Agosto del 2017
info@viajesdelperu.com

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